
De la mandioca al bioplástico: ciencia para transformar los recursos del territorio
TH360
En Misiones, la mandioca forma parte de la producción, de la alimentación y de la economía regional. Pero también puede convertirse en algo más: materia prima para desarrollar tecnología.
Esa es una de las ideas que atraviesan el trabajo de la Dra. Pamela Soledad Cuenca, bioquímica y doctora en Ciencias Aplicadas, investigadora en el Instituto de Materiales de Misiones y docente de la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales de la Universidad Nacional de Misiones.
Durante su participación en TH26 Posadas, Cuenca presentó una línea de investigación dedicada al desarrollo de materiales poliméricos biodegradables basados en almidón de mandioca, con aplicaciones potenciales en envases y productos de un solo uso.
El proyecto busca desarrollar pellets de bioplásticos biobasados y biodegradables que puedan ser procesados mediante técnicas industriales para producir bolsas, bandejas, platos y otros artículos. La investigación combina el almidón de mandioca con plastificantes, copolímeros y refuerzos basados en micro y nanocelulosa.
Cuando un cultivo se convierte en tecnología
La innovación del proyecto no está únicamente en el material final.
Está también en la pregunta que lo origina:
¿Qué sucede cuando un recurso disponible en un territorio deja de ser considerado solamente una materia prima y comienza a ser utilizado como punto de partida para desarrollar tecnología?
La respuesta que propone este equipo de investigación comienza con el almidón de mandioca.
Mientras buena parte de los bioplásticos comerciales se desarrolla internacionalmente a partir de almidones de papa o maíz, el proyecto misionero apuesta por una materia prima vinculada directamente con la economía regional.
El objetivo es generar valor agregado en origen y desarrollar una tecnología que pueda ser producida y transferida desde la propia región.
Como explicó Cuenca en relación con el proyecto: “Buscamos generar un desarrollo regional que le dé valor agregado a la materia prima de nuestra propia provincia”.
La mandioca como punto de partida
La investigación tiene antecedentes en el propio recorrido académico de Cuenca.
Durante su tesis doctoral trabajó sobre recubrimientos basados en almidón de mandioca para la preservación de alimentos, particularmente quesos. Posteriormente, durante su etapa posdoctoral, orientó su trabajo hacia la obtención de materiales biobasados y biodegradables para envases mediante procesos de extrusión.
Ese recorrido científico fue construyendo una línea de investigación que hoy busca dar un salto desde los materiales desarrollados en laboratorio hacia tecnologías capaces de ser utilizadas industrialmente.
El desafío ya no es solamente conseguir un material biodegradable.
Es conseguir un material que pueda producirse, procesarse y convertirse en productos concretos.
Del laboratorio a la planta
En este punto aparece una dimensión fundamental del proyecto: la articulación entre ciencia e industria.
El trabajo desarrollado por el equipo del IMAM junto con Plastimi SRL, empresa misionera dedicada a la fabricación de envases, tiene antecedentes de aproximadamente una década. El vínculo permitió avanzar desde la investigación hacia una instancia de desarrollo tecnológico aplicada a condiciones industriales.
El convenio de Investigación y Desarrollo entre CONICET y Plastimi fue firmado en mayo de 2025, y actualmente una extrusora pelletizadora piloto se encuentra instalada en la planta de la empresa, ubicada en el Parque Industrial de Posadas.
La maquinaria tiene una capacidad de producción de entre 5 y 35 kilogramos por hora, permitiendo trabajar directamente en condiciones de planta piloto y acelerar el proceso de escalado tecnológico.
Ese paso resulta clave.
Porque entre un material que funciona en un laboratorio y un material capaz de incorporarse a una cadena productiva existe una distancia considerable. La investigación actual busca precisamente recorrer ese camino.
Economía circular: aprovechar más de un recurso
La propuesta incorpora además un segundo componente particularmente interesante para pensar la economía circular.
El proyecto utiliza micro y nanocelulosa y derivados de colofonia, provenientes de recursos y residuos asociados a la industria lignocelulósica y forestal regional.
De esta manera, la investigación no trabaja solamente sobre la mandioca como materia prima.
También busca aprovechar subproductos de otras cadenas productivas para mejorar las propiedades del material y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental de esas industrias.
Es una lógica circular aplicada al desarrollo de materiales:
un recurso regional se convierte en materia prima; los residuos de otra industria pueden convertirse en insumos; y el resultado puede volver al sistema productivo en forma de un nuevo material.
Una tecnología pensada para escalar
El proyecto contempla la producción de pellets porque ese formato permite pensar el bioplástico como un insumo industrial.
En lugar de desarrollar únicamente un producto terminado, el objetivo es obtener una materia prima que pueda ser utilizada posteriormente para fabricar diferentes productos, como bolsas y películas, y eventualmente otras aplicaciones.
Esta diferencia es importante.
La investigación no busca simplemente reemplazar una bolsa de plástico por otra.
Busca desarrollar la tecnología y el material que permitan producir una nueva generación de productos biodegradables.
El equipo también trabaja en posibles aplicaciones para el sector agropecuario, entre ellas películas biodegradables para cobertura de cultivos —mulching films—, ampliando el campo de aplicación de estos materiales.
Ciencia aplicada para un territorio
La experiencia presentada por Pamela Cuenca en TH26 Posadas permite mirar la sostenibilidad desde una perspectiva diferente.
No se trata solamente de reducir residuos.
Tampoco únicamente de reemplazar materiales derivados del petróleo.
Se trata de preguntarse qué capacidades científicas tiene un territorio, qué recursos puede transformar y qué nuevas cadenas de valor puede construir a partir de ellos.
En ese sentido, el proyecto reúne varias dimensiones de una misma transformación: investigación científica, formación universitaria, desarrollo tecnológico, articulación con la industria y aprovechamiento de recursos regionales.
Y plantea una posibilidad especialmente relevante para Misiones: que una materia prima tradicional pueda formar parte de una industria basada en conocimiento.
Del recurso natural al conocimiento aplicado
La historia de la mandioca en Misiones podría escribirse desde la agricultura, la alimentación o la economía regional.
Pero el trabajo de Pamela Cuenca y su equipo abre otro capítulo.
Uno en el que la mandioca entra al laboratorio, se transforma mediante ciencia de materiales y comienza a recorrer el camino hacia una nueva aplicación industrial.
La pregunta que queda abierta es también una de las grandes preguntas que atraviesan TH360:
¿Cuántos de los recursos que hoy consideramos simplemente materias primas podrían convertirse mañana en tecnologías desarrolladas desde nuestros propios territorios?
La respuesta no depende únicamente de lo que hay en la tierra.
También depende de la capacidad de una región para investigar, innovar, conectar conocimiento con industria y transformar sus propios recursos en futuro.




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